Tengo varias deudas, ¿cuál pago primero?
Con lo mismo que pagas hoy, el orden en que las atacas decide en qué mes sales de todo y cuánto acabas pagando.
El error que sale caro: repartir parejo
Cuando debes en tres sitios a la vez —la tarjeta, el préstamo y el del auto—, lo natural es pagar el mínimo de cada una y, si a fin de mes sobra algo, repartirlo entre las tres. Suena justo. Es lo que más caro te sale.
El dinero extra solo trabaja cuando baja un saldo lo suficiente como para que se note en el interés del mes siguiente. Repartido en tres partes, cada saldo baja un poquito, ninguna deuda se acorta de verdad y las tres siguen vivas los mismos meses. Metido entero en una sola, ese mismo dinero la mata meses antes; y desde que muere, la cuota que le pagabas queda libre para echársela encima a la siguiente. Por eso la cosa se acelera sola: cada deuda que cae le deja su cuota a la que sigue.
La regla es corta: el mínimo a todas, y todo lo que sobre a una sola. La única discusión es cuál es esa una, y hay dos formas de elegirla.
Avalancha: primero la de tasa más alta
La avalancha manda el dinero extra a la deuda con la tasa más alta, sin importar cuánto debas en ella. Cuando esa muere, todo lo que le pagabas pasa a la siguiente más cara, y así hasta la última.
Es la que menos intereses paga en total. Siempre. No es cuestión de opinión: el interés se calcula sobre cada saldo con su propia tasa, así que cada sol que pones contra la deuda más cara te ahorra más que ese mismo sol puesto en cualquier otra. Si tu única pregunta es «cuánto acabo pagando», la respuesta es esta.
El trabajo está en saber cuál es la cara de verdad, que no siempre es la que parece. No te fíes de la cuota: una cuota alta puede ser una deuda grande a poco plazo. Lo que manda es la tasa. Si no la tienes a mano, en la tabla de tasas de interés en el Perú están las de cada entidad por tipo de crédito, tomadas de la SBS.
Bola de nieve: primero la más chica
La bola de nieve ordena al revés: el dinero extra va al saldo más pequeño, el que puedes cerrar antes, cueste la tasa que cueste. Después el siguiente más chico.
Dicho claro: en soles es peor. Sale más cara que la avalancha, porque dejas corriendo la deuda que más interés te cobra mientras liquidas otras. No hay forma de maquillar eso.
Y aun así, a mucha gente le funciona mejor. Un plan de tres años no se pierde por matemáticas: se pierde porque a los cinco meses no ves que nada cambie y lo abandonas. La bola de nieve te da una deuda cerrada pronto, y una cuota menos en la lista sí se siente. Un método algo más caro que terminas le gana a uno perfecto que dejas a medias. Si ya empezaste esto antes y lo dejaste, esta es tu opción.
Qué pasa con la tarjeta
Casi siempre, la tarjeta de crédito es la más cara que tienes, y no por poco: mientras un crédito hipotecario ronda tasas de un solo dígito, en tarjetas hay entidades que cobran varias veces eso. Por eso, con avalancha, la tarjeta suele salir primera casi por descarte.
Y hay algo que a mucha gente le tiene la deuda congelada hace años: el pago mínimo. Cubre el interés del mes y poco más, así que puedes pagarlo puntualmente y estar cumpliendo sin que el saldo baje casi nada. No es que vayas lento: estás pagando el alquiler de la deuda, no la deuda. Lo que la baja es cada sol por encima del mínimo.
Pruébalo con tus números
Cuánto cambia una cosa u otra depende de cuánto debes en cada sitio, a qué tasa y cuánto te sobra al mes. Se ve con tus cifras delante, no con una tabla de ejemplo.
Pon tus deudas en la herramienta de varias deudas —es gratis y no pide cuenta— y te dice cuál conviene matar primero, en qué mes quedas libre de todas y cuánto cambia la cuenta final según el orden que elijas.
Y si tienes un solo crédito y quieres saber cuánto te ahorras pagando a capital, el mapa completo está en cómo pagar un préstamo y pagarle menos al banco. Ahí verás por qué la TEA (tasa efectiva anual) pesa mucho más al principio, cuando el saldo está en su punto más alto.